Juventud, divina estupidez
En mi época de estudiante, eran otros tiempos, en régimen de internado y con una enorme componente física en el día a día, tenía un compañero que pregonaba como divisa vital que “polvo que no eches hoy no lo echarás mañana”, profundo pensamiento que muchos, por no decir la totalidad, compartíamos aunque no lo publicitáramos. La edad por un lado, la testosterona desbocada por otro, y por todas las esquinas la moral pacata y reprimida de aquella sociedad hacía que todos viviésemos esperando un mañana que todos imaginábamos más florido en todos los sentidos. A la generación que hoy le toca disfrutar de la juventud el devenir de la patria le ha dado también una nación en la que su nivel de libertades, pese a lo que nuestro natural pueblerino nos lleve a pensar en muchas ocasiones, es envidiado por la mayoría de países de nuestro entorno. Nadie nos da lecciones en cuanto a la dimensión humana de nuestras leyes y lo avanzado de las mismas en relación con el resto del mundo. No parece que h...