La hierba del Tragamón
No tenía la mañana nada de particular, más allá del hecho de que media España está ardiendo y nosotros, en Asturias, disfrutamos desde hace varios días de un cielo encapotado gracias al flujo constante de humedad que nos trae la suave brisa del norte desde el Cantábrico. Es un efecto meteorológico del que no gozan nuestros vecinos, que no cuentan con ese muro calcáreo que forman los Picos de Europa, con sus alturas de 2500 metros, que hacen que cuando vienen vientos de sur y bajan recalentados hacia las Provincias Vascongadas, llevando a Bilbao a alcanzar hasta 40 grados, nosotros sigamos complacidos con nuestro clima atlántico. Y al revés, cuando el flujo viene del norte, como estos días, la humedad retenida por ese mismo muro, acaba condensando y formando nubes que, como esta pasada madrugada en Gijón, llegan a descargar una fina lluvia, entre orvallo y orpín, que alcanza para dar un respiro a los prados, ya en su mayoría agostados. En el Tragamón, lugar de aquel viejo moli...