Cuando viajábamos en el Shanghai
Estamos en plena vorágine informativa en torno al tren, lo cual parece lógico después de 45+1 muertos en apenas tres días, y supongo que a cada uno le vienen a la cabeza recuerdos y experiencias personales, que no tienen por qué ser dramáticas, como las de esta semana. Y en mi caso, quizás por imperativo de lo que señala mi carné de identidad, tengo unas cuantas a mis espaldas. Y es que yo soy uno de aquellos usuarios del Shanghai, aquel tren enorme, que no recuerdo ya si se clasificaba como Correo o como Exprés, pero que iniciaba su diario periplo en Barcelona, creo que a eso de las 15.00 h, y llegaba a La Coruña pasadas veinticuatro horas. Un tren inmenso, lleno casi siempre, al menos en las fechas pre y post vacacionales en las que yo viajaba, y que era capaz de parar de forma inopinada y misteriosa en medio de la noche y los páramos castellanos, sin que nada ni nadie pareciese perturbar su descanso, que podía llegar a una hora, antes de reanudar la marcha de la misma form...