La batalla del Dos de mayo
Dicen que el ambiente en Madrid estaba cargado desde hacía días, como ahora, pero fue el alistamiento de una carroza a las puertas del palacio real lo que desató las alarmas en la población que, de forma espontánea, se amotinó para impedir el “secuestro” del infante, último miembro de la familia real, toda ella ya en poder de Napoleón en Bayona. El estallido popular, además de imprevisible, fue contagioso, y pronto la ciudad estaba convertida en un zafarrancho de combate, con el ejército armando a la población en el cuartel de Monteleón, en el actual barrio de Malasaña, y del que aún se conserva una puerta. Allí, Daoiz y Velarde, capitanes de artillería, encabezarían la lucha, en la que también participa una Manuela Malasaña desde entonces emblema madrileño de la casta de sus féminas. Ambos capitanes caerían en el fragor del combate, y, junto a ellos, un joven teniente Ruiz, del arma de Infantería, se significaría con igual valor, aunque el destino quiso que, malherido, lograse...