Ruptura o transición
Siempre me dio envidia Davos, no por la gente importante que allí se reúnen todos los inviernos para explicarnos por donde van las cosas del mundo, sino por las maravillosas pistas de esquí de las que dispone. Mi realidad me dejó siempre en las pendientes de Cerler, que tampoco está nada mal. El caso es que, un año más, esa reunión de poderosos tuvo lugar la semana pasada y ya sus ecos, incluso los desbarres del ogro anaranjado, se han disipado en medio de la tormenta de noticias que cotidianamente nos asalta.
Pero este año hubo una intervención que, el tiempo lo dirá, tiene base para pasar a la historia. Fue la del señor Carney, primer ministro de Canada que sustituyó al guapo Justin Trudeau -del que casi nadie se acuerda- y que, desde su llegada ha tenido que lidiar en la vanguardia, por aquello de la cercanía, con las embestidas de Trump. Y entre avances y retrocesos, como suele ocurrir con el marido de Melania, ha logrado hacerle frente y aglutinar tras él a la mayor parte de la ciudadanía canadiense.
El señor Carney explicó al mundo que el momento es, posiblemente, un parteaguas en la historia de Occidente, pues nos encontramos no en un momento de transición, forzado por Trump, sino en un punto de ruptura, puesto que lo que está en riesgo es el remplazo de las relaciones internacionales, basadas en reglas, por un nuevo orden fundamentado en la ley del más fuerte. Un mundo en el que las superpotencias, fundamentalmente China y los EEUU, imponen su poder al resto, y donde los foros creados para aliviar y contener las tensiones del pasado, como las NNUU, se convierten en meros escaparates sin valor real. Un mundo en el que el respeto por los derechos humanos, el desarrollo sostenible, la solidaridad, la soberanía o la integridad territorial se someten al interés de las potencias.
En contraposición, o como equilibrador de este discurso de Carney, estuvo el de la señora Lagarde, directora del Banco Central Europeo, quien apuesta por la transición, y mantiene la esperanza, supongo que esperando que pase el huracán Trump, de que el viejo sistema de relaciones vuelva a ocupar su puesto en breve. El tiempo señalará lo correcto.
Mientras tanto, en mi cercanía familiar, un adolescente pasa un curso completo de convivencia con una familia de Minesota. Sus padres tenían previsto ir a recogerlo, en compañía de su hermano, al acabar las clases, y, a continuación, dos semanas de viaje por los EEUU. Con seguridad más de 15.000 dólares, de los de Trump. Pero para ellos ha habido una ruptura, no quieren viajar con el pasaporte en la boca, y han abortado el viaje. Ye lo que hay.
Raúl Suevos
A 26 de enero de 2026
Traducción en asturiano en abellugunelcamin.blogspot.com
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