Ataque a Irán, la hora de Ucrania
Entramos en la segunda semana del
ataque a la república islámica de Irán y con ello nuevos frentes y acciones
parecen abrirse en el paisaje bélico que tenemos por delante, y ello, más allá
de los sobresaltos que el mandatario yanqui es capaz de generar cada vez que da
una rueda de prensa o conversa con algún periodista.
En el aspecto exclusivamente
técnico del combate aéreo, tras la devastadora primera oleada, con supresión de
los líderes principales del país, estamos asistiendo al bombardeo sistemático
de los arsenales misilísticos iraníes, y de sus plataformas lanzadoras, algo
que se mide en el descenso del número de vectores que llegan a Israel, y que estaría
llevando a los ayatolás al uso de silos lanzadores, mucho más protegidos y alimentados
desde arsenales en bunker profundos, una reacción que, probablemente, llevará a
los yanquis al uso de la táctica que ya emplearon en las montañas de Tora Bora contra
Al-Qaida, y que ahora, además, contaría con la temible GBU-43/B, la MOAB,
conocida como la madre de todas las bombas.
Pero Irán no se queda quieto.
Ellos son los padres de los Sahed, los drones que tanto daño han causado en
Ucrania y que los rusos han mejorado. Son baratos, muy baratos en comparación
con los Patriot que los derriban, y ya están haciendo estragos en los países
del Golfo; incluso en Azerbaiyán, para sorpresa de muchos, pues se trata de un
país chiita y la zona fronteriza, pegada a Armenia, tiene veleidades
separatistas.
Es una nueva fase, flexible y con
sorpresas, con apoyo de Rusia con drones y China con componentes para Irán, y
con Ucrania enviando asesores a los países del Golfo y, posiblemente,
interceptores de drones de última generación, de los que se han convertido en
número uno mundial, tanto en diseño como en fabricación en sus fabricas subterráneas.
Un capital industrial y bélico que ahora, con el frente del Golfo recién abierto,
puede darle una capacidad de palanca sobre Washington en un momento en el que
en Ucrania parece atisbarse una posibilidad de cambio de los equilibrios tras
cuatro años de guerra, y es que Rusia, económicamente, está en un punto que podría
hacer peligrar toda su estrategia, más allá de su evidente fracaso militar.
Esos drones ucranianos y su “saber
hacer” pueden ser la moneda de cambio que renueve el flujo de suministros
militares a los hombres y mujeres de Zelensky ,que tanto lo necesitan y que,
por razones que sólo él sabe, Donald Trump ha venido recortando desde el inicio
de su segunda presidencia. Son las sorpresas de las guerras, iniciadas por políticos
que, muchas veces, no saben cómo poner fin, y acaban dando lugar a situaciones
impensadas, desagradables para unos y benignas para otros.
Raúl Suevos
A 6 de marzo de 2026

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