De Benito a Víctor

 

Mussolini alcanzó el poder en una Italia que penaba a recuperarse de la Gran Guerra, en octubre de 1922, mediante un golpe de estado -Curzio Malaparte lo describe magistralmente en su “Tecnica del colpo di stato”- que se manifestó en la conocida Marcha sobre Roma. Después vendrían casi 21 años de gobierno, de más a menos, y después a peor, hasta llegar al 24 de julio del 43, cuando su propio Gran Consejo Fascista lo derribó mediante una votación interna.

En sus primeros años, digan lo que digan, desarrolló el país de forma impresionante, a costa de las libertades, destierros de la oposición y unos cuantos asesinatos políticos, lo que le llevó a ser la admirada figura referencial para un emergente Adolph Hitler, aunque después lo usará como una especie de guiñol político para sus fines, sin alcanzar a ver, en su demencia, que el fin de Benito anunciaba su propio final.

Me viene esto a cuento de la memoria con la caída de Víctor Orban, un tipo que llegó al poder, como Mussolini, para arreglar el país tras la desaparición del yugo soviético, con propuestas nacionalistas, pero absolutamente democráticas, para a continuación derivar hacia lo que los cursis llaman democracia iliberal, aunque yo prefiero el cesarismo democrático, mucho más descriptivo en mi opinión. Él también, como Mussolini, recuperó el pequeño país en sus primeros años, para después modificar las leyes para favorecer sus intereses, cerró los ojos a la enorme corrupción -principal motivo de su caída-, controló a la judicatura y amordazó a la prensa.

Falta para completar la historia de Orban apuntar que ha sido el referente político, con su forma de ejercer el poder, del entonces en su primera presidencia Donald Trump, quien lo ha loado en múltiples ocasiones y recibido con grandes honores en la Casa Blanca, como Hitler hiciera con Mussolini en 1937. El apoyo trumpiano ha llegado hasta enviarle a su vicepresidente para apoyarle en su última campaña, lo que no parece que haya servido para mucho, pero, para lo que nos interesa, cabe preguntarse si estamos ante historias parangonables, es decir, que la caída de Orban, incruenta, viene a ser como una premonición de lo que puede ocurrir con el ogro anaranjado de la Casa Blanca.

Los EEUU, afortunadamente, tienen un sistema político que si bien no estaba suficientemente protegido ante la llegada de un tipo como Trump, si cuenta con recursos y automatismos sistémicos que previenen que un cáncer puntual pueda metastatizarse a todo el sistema y, en este caso, las elecciones de medio mandato, que se celebran el próximo noviembre, podrán, si los electores lo quieren, poner fin a la deriva autoritaria del señor de Mar-a-Lago.

Miren en su entorno.

Raúl Suevos

A 15 de abril de 2026

Traducción en asturiano en abellugunelcamin.blogspot.com 


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