El Imperio de la libertad
Están muy de moda los EEUU.
Llevan estándolo casi desde el final de la Primera Guerra Mundial, aunque, si
me apuran, podría afirmarse que nacieron para estar en el candelabro, que diría
una de nuestras bellezas patrias. Son el imperio actual, por encima, en casi
todos los aspectos, de aquellos que en el último siglo han pretendido
desafiarlos, y haciendo olvidar a otros anteriores, como el británico o el
español. Ye lo que hay.
Estos últimos tiempos se habla
quizás más de ellos por la personalidad extravagante -adjetivo piadoso por mi
parte- del actual presidente, decidido, según parece, a meter a su país en más
líos de los que, incluso conociéndolo, podía nadie sospechar. Con el bloqueo
del Estrecho de Ormuz, consecuencia previsible del ataque a Irán, como última
asonada, por el momento.
Este imperio tiene a Thomas
Jeffersson como uno de sus padres fundadores y redactor de la Declaración de
Independencia, donde hacia especial hincapié en los derechos del hombre. Poseía
y mantuvo más de 600 esclavos, viviendo y procreando seis hijos, con una esclava
medio hermana mulata de su esposa, a la que ni siquiera manumitió antes de
morir. Un prenda de los derechos humanos, dicho esto sin caer en el pecado de
presentismo.
Y es que el individuo fue quien
acuñó uno de los oximorones más famosos de la historia, al denominar a los EEUU
como “imperio de la liberad”, y es que, convendrán conmigo, combinar imperio y
libertad es un imposible, como ya dejó explicado Tucídides respecto al imperio
ateniense creado por Pericles, y me remontó tan lejos para eludir
susceptibilidades más cercanas.
El concepto imperial está reñido
con la libertad, al menos de las entidades subordinadas, y generalmente de sus
habitantes, como comprobaron los nativos norteamericanos, masacrados en un
genocidio que alcanzó hasta finales del siglo XIX, o sus vecinos mejicanos, que
perdieron la mitad del territorio, como entidad política, y sus habitantes la
propiedad de sus tierras en beneficio de los colonos blanquitos. La acción
imperial alcanzaría prácticamente todo el hemisferio, que sufriría las botas de
los marines desde finales del siglo XIX hasta nuestros días. Siempre por amor a
la libertad.
Y es que, en realidad, sí que son
un imperio, y yo, modestamente, acepto que es el menos malo entre las opciones
que tenemos nosotros, españoles, incluso europeos, como paraguas bajo el que
cobijarnos, al precio que, de una forma u otra, haya que pagar; pero lo que me
toca los pies es su contante apelación a la libertad; concepto que ellos, desde
su nacimiento y el “avance hacia el oeste”, matando indios por el camino,
destrozan, erigiendo en su lugar un imperio de hipocresía.
Raúl Suevos
A 29 de abril de 2026
Traducción en llingua asturiana en abellugunelcamin.blogspot.com

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